El tonto
Cuerpo

Nanox, así se llama la compañía, que  ha creado una gama de nanopartículas basadas en diversos materiales inorgánicos. Por ejemplo, para controlar el olor corporal se usan materiales como la plata, el zinc y el cobre, que ofrecen cualidades bactericidas y antimicrobianas. En el caso de las nanopartículas destinadas a la protección solar, se utilizan microesferas de vidrio huecas y recubiertas con películas de óxido de zinc, aluminio o titanio, que ejercen de microespejos ante los rayos solares.

 Los resultados de las pruebas con nanotecnología indican que estas última son capaces de reducir en un 65% la transferencia de calor a la tela en longitudes de onda entre los quinientos y cuatro mil nanómetros. Esto se traduce en diferencias térmicas de hasta 6,5 C para el portador de la prenda. Hasta ahora las telas funcionales eran útiles contra los rayos ultravioletas, pero esta nueva generación de materiales inteligentes con nanotecnología también logra reflejar los rayos infrarrojos.

Ambas serán de gran utilidad especialmente en climas cálidos, donde el sudor y los insectos portadores de enfermedades son más habituales. Además de utilizarse en ropa de uso cotidiano, las nanopartículas también pueden añadirse a uniformes de trabajo, ropa de cama o cortinas domésticas, lo que multiplica considerablemente sus aplicaciones prácticas. Las prendas con nanotecnología comenzarán a comercializarse en el verano de 2020 y prometen ofrecer una gran resistencia al uso y al lavado sin perder sus propiedades.

Los investigadores de la Universidad de Maryland se han concentrado en desarrollar una innovadora tela que no solo es capaz de disipar el calor en verano, sino de retenerlo en invierno. Es decir, un nuevo material que permitirá a nuestra ropa adaptarse a las condiciones del entorno. Sus creadores también han apostado por la nanoctecnología, aunque esta vez con fibras bimórficas de celulosa y triacetato recubiertas de nanotubos de carbono.

 Las dos fibras son hidrófugas e hidrófilas, por lo que se contraen en un entorno húmedo y caluroso. Es entonces cuando los nanotubos de carbono entran en contacto entre sí y se enlazan electromagnéticamente, lo que aumenta su capacidad de emitir calor. Cuando la temperatura baja, las fibras se expanden y reducen la disipación de calor.